Víctor y la lechuga saltarina
Aquella primavera la mamá de Víctor se había decidido a cultivar un poquito de huerto en un trocito de terreno que la había dejado Lucina junto a la suya.
El terreno estaba situado en un pequeño llano de la ladera de Montelindo, no muy lejos de Bustarviejo.
Hasta allí iban muchas tardes de paseo.
Al principio para mover la tierra, luego para preparar la plantación y hacer los surcos o caballones, y después para poner las plantitas sobre el terreno.
Víctor iba contento porque también iban sus amiguitos Patrik y Asier y allí jugaban mucho queriendo ayudar a sus madres.
Una tarde fueron a regar y como la mamá de Víctor había puesto pocas plantas las regaba con una manguera, pero antes de acabar se cortó el agua porque había una avería en el pueblo y fueron los del Canal a repararla, así que se quedaron las plantas a medio regar.
La mamá de Víctor fue a casa a buscar la regadera para coger agua del arroyo y terminar de regar.
Mientras tanto, Víctor se había quedado en el huerto con Lucina y sus amiguitos y, jugando, jugando... se habían metido entre las lechugas y pisaron más de una.
Cuando llegó la mamá de Víctor con la regadera se sentó un ratito a descansar y Víctor cogió la regadera y se dispuso a regar la huerta para ayudar a su mamá.
Cogió agua del arroyo y se fue corriendo a regar, pero su mamá le dijo:
-¡Víctor deja eso que me vas a pisar las plantitas!
Pero Víctor, en vez de hacer caso a su mamá, se echó a correr con la regadera llena de agua para regar las plantas muy deprisa antes de que su mamá, que ya se había levantado, le alcanzara y se la quitara.
El agua de la regadera se caía y salpicaba las plantitas de tomates y de cebollas.
Víctor pisó una plantita que se quedó rota en el suelo, pero siguió corriendo para que no le alcanzara su mamá.
Una lechuga, al ver que Víctor corría hacia ella, empezó a dar saltos para que no la pisara, pero Víctor corría mucho y la salpicaba con el agua.
La lechuga saltaba cada vez más fuerte, pero Víctor corría cada vez más deprisa, hasta que dio un tropezón, se cayó al suelo y se puso a llorar.
Llegó su mamá y le levantó:
- Víctor, te has puesto perdido de barro y te has hecho una pupa por desobediente.
- Mamá ya no voy a ser más malo, decía Víctor entre sollozos.
Entre tanto la lechuga, fatigada, se había caído al suelo cerca de Víctor.
Cuando la mamá de Víctor vio la lechuga arrancada en el suelo, le riñó por haberla arrancado, pero Víctor dijo:
- Yo no he sido. Ha sido Patrick.
Pero Patrick estaba lejos jugando con su mamá.
- Te va a crecer la nariz como a Pinocho por decir mentiras, le dijo su mamá mientras cogía la lechuga saltarina y la metía en una bolsa para llevarla a casa y hacer la ensalada para cenar.
P. Santos
Bustarviejo, junio de 2008
No hay comentarios:
Publicar un comentario