Víctor "el antropófago"
Todo el mes de mayo había estado Victor con sus abuelos en Móstoles porque su mamá se había puesto malita y estaba en "La Paz"
Después de desayunar, cuando no llovía, su abuelo le llevaba al parque para que jugara y gastase sus tremendas energías.
Unos días iban al Parque de las Aventuras a jugar en el barco pirata, a subir al castillo o bajar por el tobogán del dragón. A jugar en la isla del tesoro bajo sus palmeras o a nadar entre las olas del mar embravecido.
Otros iban al Parque del Cuartel Huerta a subir en los aparatos de gimnasia de los abuelos, corretear entre los juegos infantiles o jugar en la arena con alguno de los niños que acudían al parque con sus abuelos.
Cada vez, el abuelo le llevaba a un parque distinto y a él le gustaba jugar en ellos.
Los sábados, los abuelos le llevaban a "La Paz" a ver a su mamá.
Le subían en el autobús y le llevaban hasta Príncipe Pío y allí se cambiaban al metro para ir al hospital.
Bajaban papá y mamá y él se ponía contento al verlos y decía:
- Mamá ¿cuando te pones buena?
Jugaba por allí durante una hora y... se iba con los abuelos otra vez a Móstoles en el metro y el autobús.
El abuelo le llevó una mañana al Parque del Retiro de Madrid para que viera los pavos reales que se acercaban para que los diéramos comida y llamaban a Millán, a Henar y a Víctor.
También vio un cisne negro en un lago que echaba un chorro de agua altísimo.
Y las barcas, en el Estanque, los peces y los patos y una tortuga grande que nadaba en el agua.
Se subió encima de un oso y agarró del rabo a un león grandísimo, porque le dijo el abuelo que era de piedra y no le dio miedo.
Allí estaba "Mini" dando abrazos a los niños, pero a Víctor no le abrazó porque tenía que volver deprisa a Móstoles para comer y echarse la siesta.
...
Cuando operaron a mamá para quitarla la pupa y se marchó a Bustarviejo, los abuelos le llevaban a su casa para que estuviera con mamá, papá y Pablito. Pero como no se podía empujar a mamá porque se la hacía mucho daño, luego se volvía a Móstoles para que el abuelo le llevara a los parques.
Víctor conocía a mucha gente en Móstoles porque hablaba con todos: con los albañiles que habían roto la casa del abuelo, con Ilda, con Julio el jardinero, con Felipe, que arreglaba los coches y le enseñaba la máquina para saber qué tenía que arreglar, con la frutera, que le regalaba cerezas y fresas, ...
Y a todos les decía:
- ¡Hola señor! ¿Tu cómo te llamas?. ¿Y tu mujer... y tu hijo? Y ¿cuál es tu casa?
En una palabra: les hacía el padrón. ¡Nunca paraba de hablar!
...
Algunas veces, Víctor era desobediente y sus abuelos se enfadaban con él y le castigaban sin ver "la peli de la tele", pero Víctor no lloraba casi nunca, porque decía que él era mayor y los mayores no lloran nunca.Enseguida pedía perdón diciendo:
- ¡Perdón abuelo, ya no lo voy a hacer más!
...
La última semana del curso, el abuelo le llevó a Bustarviejo para que fuera al "cole" y se despidiera de Mercedes, su "profe" que al año siguiente se tenía que ir a atro "cole" de otro pueblo.
Por la mañana, el abuelo le llevaba al cole, le dejaba con Mercedes en la clase de "Los Osos", y ser marchaba a dar un paseo hasta "El Robledal" y volvía cansado a casa porque hacía mucho calor, después se entretenía como podía hasta que se hacía la hora de recoger a Víctor.
Una mañana su mamá le llevó a "La Paz" para que le viera el médico y el abuelo se entretuvo en casa haciendo la comida: Ensalada de patatas asadas y pollo en pepitoria.
A la hora de comer, a Víctor le gustaba la comida y se puso a preguntar:
- ¿Y de qué está hecho esto?
- De pollo -contestaba el abuelo.
- ¿Y que más lleva?
- Tomates.
- ¿Y que más lleva?
- Aceite
- ¿Y que más lleva?
- Sal
- ¿Y que más lleva?
- Vino.
- ¿Y que más lleva?
- Pimienta
....
Y como no se acababa nunca la pregunta, a su madre se la ocurrió decir, mientras el niño masticaba:
- ¡¡Tu padre!!
... El niño quedó quieto y callado, y después de un momento, escupió lo que tenía en la boca y se puso a llorar desconsoladamente.
Costó hacerle ver que, por el enfado que producía su repetida pregunta, su madre, enojada y sin pensar contestó con esa desafortunada exclamación que a Víctor le hizo sentirse antropófago en aquella comida que tanto le gustaba.
Costó trabajo hacer que terminara de comer
¡¡Estas madres!!
P. Santos.
Junio 2008
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