VÍCTOR EN EL PLANETA MÁGICO
Escondido en lo más remoto de una galaxia muy lejana hay un pequeño planeta al que no ha llegado jamás nave espacial alguna.
Cuentan que allí hay plantas y flores que saben hablar y que viven unos seres diminutos e inteligentes que tienen alas.
También dicen que hay un río de miel que canta con la más dulce voz muy variadas melodías al ritmo del rumor del correr de su dulce caudal, y hasta la luna se ríe a carcajadas, en la noche, cuando los simpáticos habitantes celebran sus fiestas nocturnas y se cuentan los más graciosos chistes que uno pueda imaginar y que hacen cambiar la fuerza de su destello a la mayor parte de las estrellas.
Dicen que cada día nuestros simpáticos amiguitos eligen por sorteo a niños, uno de cada país de la Tierra, para que pase un día con ellos.
Un gran cofre contiene el nombre de todos los niños del mundo clasificados por países.
Sólo uno de cada país será el elegido para pasar unas horas en el planeta pero deberá cumplir dos condiciones:
El niño deberá estar dormido en el momento en que le vayan a buscar
Además tendrá que haber sido muy bueno durante el día.
Víctor dormía profundamente cuando un grupo de seres alados entró en su dormitorio y, cogiéndolo delicadamente, lo llevó volando por encima de los tejados hasta su sorprendente nave espacial en la que, tras un despegue mecedor, lo trasladaron en un santiamén hasta la parte más bonita de su planeta.
Al llegar al planeta, Víctor despertó en medio de una gran fiesta celebrada en su honor en la que había magos haciéndo prodigiosos juegos, payasos que hacían reir de lo lindo, y malabaristas que realizaban los más sorprendentes juegos.
Dulces frutas que no conocía, pasteles adornados con flores y zumos suaves estaban sobre una gran mesa esperando a ser comidos por todo aquel a quien apeteciera.
Víctor se divirtió mucho y probó de todo, porque todo le llamaba la atención y le apetecía.
Lo sorprendente era que, a pesar de que comía mucho, nunca se encontraba saciado y veía que todo le sentaba bien.
Después del banquete, Víctor fue llevado de excursión por todo el pequeño planeta teniendo la oportunidad de escuchar el canto del río mágico.
Variadas especies de animales nunca vistos en la tierra se movían por todas partes y jugueteaban con quien se acercaba a ellos mostrándo sorprendentes y cambiantes colores.
Pudo ver campos de gigantes flores silvestres que tenían cosquillas y se reían a carcajadas, moviéndose, cuando las tocaban.
Lo pasó tan bien nuestro amigo Víctor que cuando llegó la hora de regresar a su casa quiso saber si podría volver otro día.
-"Tú sólo tienes que portarte bien y ¿quien sabe?, es cuestión de suerte” le respondieron.
Al despertar Víctor al día siguiente vio la cara sonriente de su mamá.
-"¿Qué tal has dormido, cariño?"
-"Muy bien mamá, ¡he tenido un sueño tan hermoso!".
Víctor relató lo que él creía que era un sueño a su madre.
Ella tenía sus manos cogidas mientras le escuchaba y de repente le dijo:
- "Hum, Víctor, ¡hueles a flores silvestres!".
Pablo Santos.